La inseguridad en las personas es, en muchas ocasiones, la consecuencia de haber tenido padres sobreprotectores

Por: Sandra Paola Martínez León

oct/2013

Luego de largas conversaciones con amigos, leer artículos, ver diferentes programas de orientación en la crianza y mi propia experiencia, he llegado a la conclusión de que la sobreprotección es una sensación generada por un miedo en quién la ejerce. Puede ser hereditaria (por la forma en cómo fuimos criados) o causada por el entorno que nos rodea (drogas, violencia, peligros de la calle, entre otros...).

Nadie nos enseña a ser padres y además no existe una sola manera de hacerlo. Entonces ¿cuál manual o guía podemos seguir? Pues nuestros propios padres y la experiencia que hayamos vivido con ellos, por eso existe una alta probabilidad de repetir los mismos errores.

 

Un padre sobreprotector es aquél que, como la misma palabra lo dice, protege a su hijo más allá de lo necesario. Lo ve indefenso y no concibe la posibilidad de que algún día su ‘cría vuele del nido’. Entonces, hace todo lo posible por retenerlo, ya sea consintiéndolo o brindándole una comodidad que difícilmente encuentre en otro lugar.

 

Estos padres son famosos por frases como: “No sabes hacerlo, estás muy pequeño todavía, déjame ayudarte”; “no salgas, es peligroso, quédate en casa”; “no puedes ir solo, mejor yo te acompaño”; “¡no cojas eso, lo vas a romper!”.

Estas frases, entre otras, aunque pueden tener un tono muy coloquial, al decírselas a un niño o un joven pueden quedar marcadas profundamente en su vida. Pues son frases que transmiten y reflejan los miedos de los padres y aunque cueste admitirlo, la desconfianza que tienen en sus hijos. Una cosa es lo que se dice y otra, la verdadera intención oculta detrás de eso que se dice.

 

La inseguridad trae diversas consecuencias como la dependencia emocional, que se evidencia al momento de establecer vínculos con otras personas. Nos han transmitido que al estar solos somos indefensos, que lo ideal es tener a alguien que nos proteja y así podremos enfrentar el mundo. Entonces, cuando creamos un vínculo emocional con alguien ya sea amigo o compañero de vida, lo hacemos no por atracción o afecto, sino buscando protección, refugio, compañía y tranquilidad. Pero cuando esa relación termina, pareciera que todo pierde el sentido, que no seremos capaces de enfrentar la soledad y por esto se puede llegar a estados de incertidumbre y depresión profunda.

 

La inseguridad, como consecuencia de la sobreprotección, nos conduce también a evadir responsabilidades, porque perdemos confianza en nuestra autonomía y poder de decisión, nos sentimos incapaces de asumir nuevos retos.

 

“Crecer es un proceso maravilloso y doloroso al mismo tiempo. Implica, entre muchas otras cosas, desarrollar un criterio propio, dejar de depender de los padres (no sólo económicamente sino también emocionalmente), empezar a tomar decisiones y asumir las consecuencias de las mismas”, así lo afirma la Psicóloga–Psicoterapeuta Estratégica colombiana Ximena Sanz de Santamaría en su artículo ‘Crecí y no me di cuenta’ del portal www.breveterapia.com. La idea de aceptar que crecemos nos aleja del mundo en el que todo era fácil y divertido, y eso nos aterra. No nos dieron la responsabilidad cuando debían y nosotros podíamos; ahora que nosotros debemos, no podemos porque no sabemos cómo hacerlo.

 

A los padres sobreprotectores e incluso a los que sienten que están preparándose para serlo, me resta decirles que aunque no exista una única regla para criar a los hijos, al menos se pregunten de qué forma los harán seres libres, independientes y seguros. Y si esto no es suficiente, que se instruyan, busquen asesoría, tenemos a la mano información que nos brindan artículos, libros y blogs en internet de profesionales y expertos en el tema.

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