La educación que nos limita debe terminar en Colombia

Por: Sandra Paola Martínez León

sep/2013

Nos acostumbramos a recibir y aceptar todo lo que nos dan, literalmente todo, hasta la educación. Se olvidaron de enseñarnos a tener criterio, a refutar y exigir cuando no estamos de acuerdo con lo que nos quieren infundir en los colegios. Colombia es un país en el que el sistema educativo está estructurado de tal forma que aprendamos a callar, a tragarnos las palabras, el dolor, la inconformidad y hasta la opinión.

Al hablar sobre estos temas recuerdo al fallecido abogado, periodista y humorista Jaime Garzón, quien fue uno de los principales voceros en la lucha por crear conciencia crítica entre los jóvenes frente a la situación social y política del país. Reconocido como uno de los intelectuales polémicos de la época.

Pero como nos han enseñado a callar y hemos sido ‘muy inteligentes’, tanto así, que callamos también a quienes con su ingenio y sabiduría hubieran podido ser piezas claves en muchos procesos de cambio. En consecuencia de esto, Garzón fue injustamente asesinado a sus 38 años el 13 de agosto de 1999 a manos de unos sicarios en una calle de Bogotá sin embargo, en su corta carrera su influencia fue muy fuerte en varios ámbitos de nuestra sociedad, entre ellos el de la educación, poniendo al descubierto conflictos e intereses políticos y dejando en nosotros el deseo y la necesidad de preguntarnos y exigir.

Respecto a la educación, decía Garzón: “Lo que nos enseñan a los colombianos no tiene nada que ver con las necesidades que tenemos los colombianos”; “en Colombia hay mucho talento, pero la educación nos ha llevado a que el talento sea desperdiciado. Se tuerce”; “uno es para siempre responsable de lo que domestica. Pero más aún es el propio responsable de dejarse domesticar”.

Somos nosotros mismos responsables de lo que vivimos y tenemos. Garzón nos invita a preguntarnos ¿qué estamos haciendo para cambiar esta historia? A mi parecer, hay tiempo todavía para empezar a cambiarla y se están creando nuevas posibilidades que contribuyen a transformar algunos de estos procesos. Hoy a muchos nos pesa esta realidad, pues a causa de la educación que recibimos en nuestros colegios, hemos invertido tiempo en actividades y asuntos que no nos satisfacen totalmente.

Por esto, creo que para crecer sintiéndonos personas productivas para el país es preciso que nos enfoquemos en descubrir cuáles son nuestras mayores habilidades y trabajar por potencializarlas. Y los colegios son, según el esquema convencional, el espacio en el que crecemos y pasamos la mayor parte de nuestra niñez y adolescencia; ambas etapas fundamentales en la formación de todo ser humano.

Sin embargo, siendo niños nos dicen que hacer lo que ordenan nuestros padres, familiares y profesores es lo ‘correcto’ y puede que en muchos aspectos lo sea pero, ¿hasta qué punto lo ‘correcto’ es lo que nos permite realizarnos plenamente como personas? ¿Hasta dónde nos alcanza lo ‘correcto’ para llegar a hacer lo que queremos? ¿Cómo hacer lo ‘correcto’ y que además eso nos brinde goce y placer? ¿Qué es lo ‘correcto’?

Quiero contarles una anécdota de un primo de una amiga cercana que ilustra claramente lo que quiero decir. El chico estudiaba en un colegio católico (sin intención de hablar de religión) y en una de sus asignaturas estaban hablando sobre el aborto. Luego de varias sesiones los maestros decidieron evaluarlos, les preguntaban si estaban o no de acuerdo con el aborto y el entusiasta chico dijo “sí” y por esta respuesta perdió la evaluación. ¿Existe alguna forma más desatinada de inhibir el pensamiento y las ideas de las personas? Según esta historia puedo asumir que en Colombia nos educan a pensar igual. Por esto, en  la mayoría de los colegios nos uniforman, nos dictan las materias básicas a todos, nos dan normas de conducta y disciplina. En definitiva, ser distinto parece un delito. Han creado en nosotros la costumbre de juzgar a quienes piensan diferente.

Si se aplicará otro método de educación, seguro existiría mayor libertad y productividad en todas las áreas de la sociedad. Porque probablemente descubriríamos nuestra labor y reconoceríamos las habilidades que cada uno tiene para así lograr formar equipos de trabajo eficaces y eficientes.

Es por todo lo anterior que quiero citar un ejemplo de un colegio que ha implementado una manera diferente de educar a los niños. El colegio FACE (Fundación para la Actualización de la Educación), fundado en Chía en 1983 y que actualmente tiene su sede en el pueblo de Tenjo tiene esta ideología: “Una educación en el amor para el desarrollo personal en el ser humano”. Es una propuesta alternativa como respuesta a la necesidad que tiene el ser humano en su búsqueda de la verdad, la libertad y el respeto, que implica un proceso de autoconocimiento y autogestión, según lo exponen en su portal web: www.face.edu.co

Este tipo de educación fortalecería el pensar en uno mismo y en el otro. En descubrir mi potencial y mis capacidades. En vivir un proceso personal a un ritmo propio. Es así como se podría empezar a creer que la historia de la educación en Colombia está cambiando. Podemos pensar que ya existen grupos de personas empeñados en brindar otras formas de educarse. No enfocados en tratarnos como productos iguales, sino como seres que pensamos y, especialmente, sentimos diferente.

Ahora es indispensable ayudar a los jóvenes a aceptar y vivir la diferencia. Enseñarles que el no ser iguales nos enriquece, es un bien común. Es necesario que se reevalúe el actual sistema de educación colombiano, que cada año deja millones de bachilleres sin rumbo, perdidos en la duda y en la incertidumbre sobre lo que pueden hacer con sus vidas. También se debe proporcionar a los jóvenes información suficiente sobre opciones y actividades que se pueden realizar antes de matricularse a la universidad, si aún no están seguros de hacerlo. Asesorarlos en cómo conseguir becas, realizar viajes, cursos u otras formaciones alternas que puedan enriquecer su conocimiento y darles ideas sobre su futuro.

Aún quedan muchas dudas por resolver y muchos temas por estudiar para comprender la complejidad de esta situación en Colombia de la que hoy evidenciamos nefastas consecuencias. Pues aunque aparentemente se queda durante la etapa escolar luego se evidencia en los demás espacios de nuestra propia realidad a medida que nos acercamos a la adultez. De todas maneras, espero haber dejado en ustedes las ganas de cuestionarse y pensar si realmente estamos recibiendo en los colegios lo que necesitamos.

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